¿Y si… dejamos las series?

¿Qué pasaría si abandonase las series? De manera radical, pasar absolutamente de todas las que estuviese siguiendo. Pues ha sucedido durante los últimos 4 meses y esta es la interesante experiencia.

El séptimo arte comparte tiempo y espacio con la otra gran industria audiovisual: el mundo de las series televisivas, comandado al igual que su colega hollywoodiense por los canales y productoras norteamericanas, sin olvidar que ciertos canales ingleses nos deleitan con sus creaciones. Si bien el final de los años 80 y comienzo de los 90 marcó un impás en la creación de series, el auge de Internet ha permitido que en el viejo continente podamos disfrutar de los capítulos estrenados en EE.UU. a las pocas horas de su emisión. Decenas de canales nos ofrecen todo tipo de géneros y formatos: ficción, comedias de situación (sitcom), telenovelas (soap opera), dramáticas (trama realista), dramedias, etc.

El día que decidí abandonar este hobby lo hice de manera completa, ni siquiera tenerlas bajadas por si quería verlas en unos meses o alguien me animaba a ver un capítulo. Si os fijáis, el ritmo que mantienen los canales estadounidenses es demencial, cada temporada se estrenan más de 30 series nuevas, de las cuales el 80% no pasarán de sus primeros capítulos o primera temporada. Todas las series mantienen un ciclo de vida que se agota normalmente a las 4 o 5 temporadas, exceptuando sitcoms, que cuando encuentran la fórmula del éxito lo prolongan hasta que es imposible sacarle más jugo; véanse las ya clásicas Frasier con 11 temporadas, Seinfeld con 9 o The Big Bang Theory que actualmente afronta su séptima temporada batiendo récords de audiencia, aunque para mí huela ya a ciclo repetitivo. Ese ritmo de estrenos es el que obliga a la audiencia a tener que escoger entre tantos productos. Preferiría que las cadenas se centrasen en hacer contenido de más calidad en vez de ofrecer docenas de historias flojas para que resalte alguna de vez en cuando. Es cierto que nadie te obliga a que las veas todas para decidir cuál es buena y cuál no, se supone que ya entra en el territorio de la elección personal. Por eso decidí que tocaba hacer un reciclaje personal y escoger qué seguir y qué no.

Era muy fácil leer
[un destripe] sin querer y que me estropease la jugada

Ahora tocaba saber que iba a hacer con ese tiempo extra. Al principio fue desconcertante, no sabía qué hacer exactamente con esos ratos dedicado al dolce far niente, ya que la costumbre me llevaba a pensar qué tocaba ver. Los primeros días los pasaba más preocupado de no estar al día  en los capítulos que parecían tan esenciales que de pensar en otras cosas. Pero duró poco, a las dos semanas ya ni sabía qué día televisaban cada serie. Y como no me gusta estar aburrido esta afición se vio rápidamente sustituida por otra que había caído a un ligero segundo plano: leer.

Durante los últimos años suelo leer un libro por mes o menos, dependiendo de su longitud. En estos meses se ha triplicado con facilidad y he conseguido acabar la gigantesca lista de títulos que tenía pendientes por empezar o rematar. Realmente lo echaba de menos, cuando era más pequeño y no iba tanto al cine leía muchísimo más, y resulta muy gratificante.

El otro problema de este parón son los destripes o spoilers. Que haya dejado de verlas no quiere decir que en un futuro cercano no tenga intención de continuarlas o acabarlas, y viviendo en el mundo de las redes sociales y páginas que publican críticas de capítulos a las pocas horas de haber sido televisados, se presentaba algo complicado. Tuve que replantearme la manera de leer páginas de críticas y tener bastante cuidado siguiendo a cuentas anglosajonas en Twitter que comentan la actualidad de los capítulos semanales. Un ejemplo muy claro sucedió con Reddit, el conocido agregador de noticias americano que se personaliza de acuerdo a tus intereses. Tuve que desuscribirme de muchos temas dedicados a series porque era insostenible, era muy fácil leer algo sin querer y que me estropease la jugada.

Para mi esos fueron los dos principales obstáculos, qué hacer cuando dejas de ver series y cómo no enterarse de qué ha sucedido. Por otro lado, realmente no he sentido la necesidad de estar pegado a la televisión, porque he sustituido ese tiempo por otras ocupaciones como la lectura. Está claro que el cine y la series son mis grandes aficiones, pero los extremos nunca son buenos, así que seguramente repetiría la experiencia de nuevo, porque me ha servido para apreciar qué producciones son las que realmente me interesan. Como ejemplo, en este mes vuelven a emitirse y empiezan nuevas series y de momento solo sigo una, Breaking Bad. Realmente no me corre prisa ver lo que tengo pendiente y me lo tomo con mucha más calma. Si aparece algo realmente bueno no dudaré en catarlo, pero esa vorágine de ver todo aquello que se estrenaba ahora no me atrae ni pizca.

Como conclusión, a todos aquellos que compartís esta afición os recomendaría replantearos qué series seguís y cuáles merecen seguir siendo vistas. A veces, aunque tengamos un criterio formado como es mi caso, vemos productos más por el márkéting que hace que sean interesantes, y un parón de este estilo viene muy bien. Ser más selectivo nos hace darnos cuenta de lo buenas que son aquellas series que realmente nos gustan, y vamos a disfrutar muchísimo más de esos ratos de ocio.