La muerte y el suicidio en Werther y Niebla

Hay quien ya conoce estas dos breves pero grandes novelas: Las penas del joven Werther, escrita por un joven J.W. Goethe y Niebla, escrita por Don Miguel de Unamuno. En este artículo mostraremos los puntos en común que existen entre ambas y profundizaremos en la idea de muerte y suicidio que invaden estas novelas.

Así pues, en 1774 se publica en Alemania una novela epistolar que se convertirá en uno de los mayores clásicos de la literatura alemana. A pesar de que muchos han querido defender el carácter prerromántico de esta obra, esta ha sido contemplada como una obra importante del movimiento del Sturm und Drang. Este movimiento puede entenderse como la cara oculta del Siglo de las Luces y es el que abrirá la veta hacia el Romanticismo que tanta importancia tendrá en la zona alemana, así como en la inglesa. Esta novela tuvo mucho éxito en la época y convirtió a Goethe, con veinticinco años, en el conocido autor del Werther.

Por otro lado, contamos con Niebla, novela escrita en 1907 y publicada en 1914. Esta obra de Unamuno será la de mayor éxito, se harán continuas reediciones y será, en vida de Unamuno, la más traducida de sus obras. Con ella se creará el término nivola, concepto clave dentro de la obra de este autor, que será utilizado por él, con el fin de diferenciarlo del modelo de la novela decimonónica que se seguía hasta el momento. Era esta la forma de no tener que dar explicaciones a la crítica para justificar el nuevo tipo de novela que había creado.

Ambos se encuentran en los límites del cambio de siglo y con ello, los cambios en una sociedad que se renueva

Debemos destacar que tanto Goethe como Unamuno están enfrentándose a los cambios de época y de movimientos literarios. Goethe dejará el Siglo de las Luces para empezar a introducir la parte más oscura del movimiento, que desembocará en el Romanticismo, es decir, que se encuentra en un momento que actúa como bisagra hacia una nueva forma de pensamiento. Lo mismo ocurre con Unamuno: ambos se encuentran en los límites del cambio de siglo y con ello, los cambios en una sociedad que renueva su filosofía, su política, su literatura… La fuerte innovación que se da a principios del siglo XX,, hace que surjan en España varias obras que intentan romper con lo anterior y crear un nuevo concepto de escritura más libre, de este modo surge Niebla como nivola o el impresionismo descriptivo de Azorín en obras como La voluntad.

Por tanto, nos encontramos ante dos obras nuevas, en todos los sentidos, que además han sido unas de las de mayor éxito de ambos autores, de Goethe como joven escritor y de Unamuno en el ámbito internacional. A lo largo de este artículo, veremos que no es solo este el único punto en común que comparten.

En cuanto a la relación entre autor y obra, podríamos decir que ambos autores comparten mucho con los personajes de sus novelas; Goethe escribe una novela “semiautobiográfica” donde muchos aspectos de su vida se ven reflejados en Werther. Este autor, tras acabar los estudios de Derecho, comenzó las prácticas de su abogacía en Wetzlar, donde se enamorará de Charlotte Buff, prometida de uno de sus amigos, Johann Christian Kestner. Este hecho unido al suicidio de su amigo Karl Wilhelm Jerusalem con una de las pistolas prestadas por Kestner, convergieron en el personaje de Werther y en su historia.

El personaje de la obra es un ser hastiado, melancólico, que busca el ideal de todos los sentimientos puros del ser humano. No consigue encontrar nada de esto en la sociedad, una sociedad que busca “encerrar” el pensamiento individual y ponerlo a su servicio. Goethe no deja de ser un poco Werther, buscando siempre algo más: “He experimentado la corte. Ahora quiero probar el ejército y así sucesivamente”. Este joven autor será la encarnación de su personaje y de un futuro Fausto que aún estará por inventarse.

Se llegó a crear una moda en la forma de suicidarse de modo similar al del protagonista

Como buen representante de su época, J. W. Goethe será quien refleje el malestar de una juventud en una sociedad que le disgusta y este hecho, junto con el éxito de la obra, harán que se desencadene en la sociedad alemana una oleada de suicidios que será conocida como el Efecto Werther dentro de la psicología. Se llegó al punto de crear una moda en la forma de suicidarse de modo similar al del protagonista, incluso en ocasiones con la vestimenta con la que se le caracterizaba: chaleco amarillo y casaca azul. Está claro que, esta obra supera el ámbito estrictamente literario para convertirse en una manifestación de la inconformidad juvenil de la Alemania de finales del XVIII. Es evidente, para todos aquellos que recuerden la historia que se narra en esta novela, que el personaje y su autor muestran puntos de unión muy fuertes.

Por otro lado, Unamuno pondrá en boca de su Augusto todos sus pensamientos más profundos, como él mismo indicaba: “Estoy avergonzado de haber alguna vez fingido entes de ficción, personajes novelescos, para poner en sus labios lo que no me atrevía a poner en los míos y hacerles decir como en broma lo que yo siento muy en serio”.

En Niebla podremos observar el absurdo de la vida humana, la preocupación del propio autor por la trascendencia individual. Dentro de la novela nos deja la frase “la vida es niebla” que representa al ser humano perdido en una vida sin finalidad. En su obra nos muestra el azar y el problema de la falta de libertad del individuo. Basándose en La vida es sueño, nos presenta un personaje muy similar a Segismundo, alguien inmerso en su propio mundo que no despierta de él hasta conocer a una mujer, en el caso de Niebla, a Eugenia. Será esta mujer quien abra su mente y le descubra un mundo exterior con el que Augusto Pérez se llegará a conocer a sí mismo. Sin embargo, veremos cómo esta vida como niebla o como sueño no es más que el sueño de un ente superior (en el caso de Augusto el propio Unamuno, en nuestro caso Dios) y que por ese mismo motivo queda anulada nuestra voluntad y el libre albedrío. De hecho, el final de la novela será un claro ejemplo de la falta de libertad del personaje, ya que ni él mismo podrá tomar la decisión de vivir o morir cuando él elija. Esto queda trasladado a nuestra propia existencia donde es el Creador quien decide nuestro destino.

Todo este problema del propio autor reflejado en su personaje y protagonista de Niebla hará que, dentro de una clave de “humor”, el lector se enfrente a una filosofía de vida en la que la angustia vital, el tiempo, la propia identidad personal y la relación hombre-Creador se conciba de una forma mucho más profunda que nos lleve a interpretar la existencia del ser humano como un ser para la muerte que carece de autoridad para poder si quiera conducir su vida a su antojo.

Desde luego, debemos reconocer la importancia de Miguel de Unamuno al crear una obra de fácil lectura, de líneas de humor, de diálogo y continuo movimiento interno y externo mientras que a su vez mantiene un fondo filosófico en el que expresa la propia angustia vital que él vivía y que reflejará mejor en alguno de sus ensayos como Del sentimiento trágico de la vida, porque al fin y al cabo la propia vida es concebida como esa “tragedia bufa” que Victor Goti (personaje de Niebla) decía que Unamuno quiso escribir.

Ambos autores se ven reflejados en el protagonista de su novela

Por lo tanto, hemos establecido el primer punto de encuentro entre las novelas: ambos autores se ven reflejados en el protagonista de su historia. Este hecho es realmente importante, ya que al tratar el tema de la muerte vamos a poder establecer una mayor cercanía con el pensamiento del autor. Es, también, fundamental, conocer el tipo de escritura que se mantiene en la novela, es decir, el modo en que nos es transmitida.

Goethe nos presenta la novela a modo de cartas que el protagonista dirige a su amigo Wilhelm, remitente que nunca contestará a sus cartas dentro del relato. De esta forma, los lectores invadimos el espacio más íntimo de Werther, pues estamos leyendo una correspondencia que no está dirigida a nosotros. Este hecho aumenta la libertad de expresión del personaje y nos lleva a un conocimiento más cercano de la personalidad del protagonista, sus angustias, preocupaciones y motivaciones. Estas cartas también activarán lo que podría ser un “monólogo interno” que mediante el desorden y la espontaneidad con que se muestran, nos dará mayor veracidad y mayor dramatismo.

Desde este modo confesional de la epístola, nos enfrentamos con la historia de Werther, un joven que vive intensamente sus sentimientos, los cuales estarán siempre relacionados con la naturaleza, y que busca desesperadamente un motivo para seguir viviendo, aunque a la postre acabe por resultar imposible.

En la narración de Unamuno, se presenta lo que será el comienzo del monólogo interior. Todavía no se han dado textos con esta forma de narración y, por ello, Unamuno no introduce en Niebla directamente el pensamiento del personaje, sino que se ayuda con verbos como “pensó”, “se dijo”, etc. Esto, no es solo un gran avance para toda la novela, sino que introduce a todos los lectores en la mente de su protagonista, Augusto, y nos hace ser partícipes de sus alegrías, penas y preocupaciones.

Tanto la forma epistolar de Werther como los monólogos de Augusto, harán que los lectores nos sintamos metidos en la historia, en la propia novela, que nos llevará poco a poco hasta el momento de mayor intimidad y soledad del ser humano: la muerte.

Cualquiera de nosotros que haya leído Werther y Niebla podrá establecer puntos en común dentro de su historia. Dos protagonistas con cierto grado de hipersensibilidad, enamorados de una mujer que ya está ocupada, lamentándose por ello y llegando al suicidio, aparentemente por amor.

Si pasamos por la novela de Goethe de una forma superficial, podríamos decir que el motivo del suicidio es el amor no correspondido de Lotte. La incapacidad de poseer el amor de esta mujer y su estrecha amistad con el marido de esta le lleva a Werther al suicidio, pues sería únicamente el amor su motivo de vivir.

Desde prácticamente el comienzo de la novela […] Werther ya muestra su inclinación por el suicidio

El problema de esta teoría reside en varios puntos. Desde prácticamente el comienzo de la novela, es decir, cuando aún tenía posibilidades de conseguir el amor de Lotte, Werther ya muestra su inclinación por el suicidio alabando a aquellos que lo han llevado a cabo. Parece, pues, que el amor se muestra como una excusa para llegar al único fin del protagonista que será la muerte.

De esta forma, parece que el protagonista es un hombre inadaptado a la sociedad y época que le ha tocado vivir y que apoyándose en una ideología que roza el romanticismo que le seguirá, exalta el amor de modo que lo convierte en el motivo de su muerte.

Sin embargo, este amor no parece más que una razón para justificarse. Werther desea acabar con su vida desde el principio de la novela, solo necesita un motivo que apoye su decisión y ¿qué mejor motivo que un amor no correspondido? Esto le da a su historia, a su propia existencia un aire de tragedia. Encontrará en Lotte esa referencia amorosa y con ella la justificación de su muerte. Podemos confirmar esta teoría con el hecho de que es justamente al final de la novela, cuando Werther consigue besar a Lotte, cuando decide suicidarse. Es decir, a pesar del matrimonio de ella, él por fin ha conseguido una muestra de cariño (puede incluso llegar a ser una muestra amorosa) por parte de la mujer que ama, esto debería ser suficiente motivo como para darle fuerzas para seguir luchando por ese amor que tanto ha exaltado a lo largo de la novela. No obstante, Werther convencido ya de que debe acabar con su vida, no atiende a razones: su decisión es morir y así lo hará.

Por tanto, en esta novela el suicidio se verá como algo inevitable, totalmente asumido por el protagonista quien solo busca un motivo con el que justificar este hecho y llegar a ser, de este modo, una de esas personas valientes que él admira.

En Niebla, el personaje de Augusto Pérez se presenta como un hombre acomodado y despreocupado. No trabaja ni pretende hacerlo, con lo cual dispone de todo el tiempo libre necesario para reflexionar y analizar la vida. Al comienzo de la novela se nos da a entender que Augusto ha llevado una vida vacía, una vida aburrida y rutinaria que se verá truncada con la aparición de una mujer: Eugenia. El personaje de la mujer no tiene nada en particular, simplemente aparece en el momento apropiado en el lugar indicado, Augusto se verá obligado a cumplir con las normas sociales y acabar encontrando en ella (o en lo que representa) un motivo para llenar su vida de sentido.
A partir de los sentimientos de Augusto por Eugenia, él comienza a ver más allá, se enamora de todas las mujeres que encuentra, podemos decir que Eugenia es quien le quita la venda de los ojos para poder observar el mundo y con esta observación del mundo encuentra, Augusto, el sentido a su propia existencia. Considera ese amor el motivo para seguir viviendo, será de este modo como vaya haciéndose consciente de su propia identidad, es una forma de autoconocimiento.

Esta situación se tensará hasta el momento en que, sintiéndose totalmente ridiculizado al haberse prometido con Eugenia y que esta haya huido con su novio anterior después de sacar de él todo lo posible, Augusto decida acabar con su vida. Una vez que el motivo de su existencia, el amor, no tiene sentido, su única salida es el suicidio. Hablará del tema con su amigo Victor Goti, quien se lo tomará en broma, y decide ir a visitar a Unamuno, escritor del que ha leído mucho y que conoce que tiene un libro sobre el suicidio. De esta forma llega Augusto a Salamanca y se entrevista con el propio Unamuno quien acaba por confesarle que él es un personaje de su nivola y que por ese motivo no puede suicidarse.

Podríamos entender que ya no es tanto la idea de vivir o morir sino el hecho de ser uno mismo quien decida o que quiere

Es entonces cuando entra en juego la angustia de Augusto al descubrir que es un ente de ficción y lucha por recalcar que él posee el libre albedrío y que desea suicidarse. No obstante, cambiará de opinión cuando Unamuno le diga que no se suicidará sino que morirá al llegar a su casa. Augusto, entonces, ya no desea la muerte sino la vida. Podríamos entender que ya no es tanto la idea de vivir o morir sino el hecho de ser uno mismo quien decida lo que quiere o no hacer con su vida, algo tan propio y tan íntimo que todos tenemos por supuesto que nos pertenece al completo.

El suicidio se verá, en esta novela, como una salida del ser humano al destino de su Creador, ya sea el propio Dios o el Unamuno autor de la novela de la que Augusto es protagonista. El libre albedrío se refleja en la decisión del suicidio. Es decir, no será el amor por Eugenia el motivo que desencadene el suicidio como hecho principal, sino que el suicidio es una salida al verdadero problema de la novela que es la incapacidad del hombre por decidir su propio destino.

Constantemente se recordará en la novela la idea de la vida como sueño, toda vida es un sueño de Dios y esta se acaba cuando Dios deja de soñarnos. La falta de libertad convierte al ser humano en un ente de ficción como Augusto, como el propio lector mientras lee esta novela y se plantea si quizá también él forme parte de este destino escrito en la mente de algo o alguien.

Como hemos apuntado, la idea principal de Werther sería el suicidio cuyo componente central es el amor por Lotte. Sin embargo, en Niebla la idea principal sería la falta de libre albedrío en el ser humano, cuestión desencadenada por la convicción de Augusto por suicidarse, producida a su vez por la desilusión y el ridículo tras ser abandonado por Eugenia. Es decir, mientras en Goethe el suicidio es la primera y última ocurrencia del personaje, en Unamuno el personaje irá cambiando de parecer según avance la novela, querrá tanto acabar con su vida como seguir viviendo, todo lo que sea necesario para no ser una marioneta en manos de su autor de ficción.

Finalmente, Augusto acaba por extender su propia angustia ante la finalidad de la vida al propio Unamuno y en consecuencia a todos los lectores. Todos hemos de morir, queramos o no, y la mayor angustia será el no saber cómo ni cuándo, quedando de nuevo en manos de ese Dios que nos sueña a todos.

Como cierre, nada mejor compartir este fragmento de Niebla:
“¿Conque no, eh?-me dijo-¿conque no? No quiere usted dejarme ser yo, salir de la niebla, vivir, vivir, vivir, verme, oírme, tocarme, sentirme, dolerme, serme: ¿conque no lo quiere?, ¿conque he de morir ente de ficción? Pues bien, mi señor creador don Miguel, ¡también usted se morirá, también usted, y se volverá a la nada de que salió! ¡Dios dejará de soñarle! Se morirá usted, sí, se morirá, aunque no lo quiera; se morirá usted y se morirán todos los que lean mi historia, todos, todos, todos, sin quedar uno! ¡entes de ficción como yo; lo mismo que yo! Se morirán todos, todos, todos. Os lo digo yo, Augusto Pérez, ente ficticio como vosotros, nivolesco lo mismo que vosotros. Porque usted, mi creador, mi don Miguel, no es usted más que otro ente nivolesco, y entes nivolescos sus lectores, lo mismo que yo, que Augusto Pérez, que su víctima…”