El hombre es un zombi para el hombre

The Walking Dead es una gran serie de televisión. Su planteamiento inicial es sencillo: nos cuenta cómo se enfrentaría el ser humano (estadounidense) a un hipotético apocalipsis zombi. La serie, basada en las novelas gráficas de Robert Kirkman, Tony Moore y Charlie Adlard, tiene además lo necesario para ser entretenida y generar en el espectador todo tipo de reacciones viscerales: historias llenas de violencia gore y cubiertas de buenas dosis de drama por el desigual destino de sus personajes.

Sin embargo, creo sinceramente que The Walking Dead supera el puro entretenimiento televisivo cuando consigue explicarnos cuestiones esenciales de la filosofía política moderna. Aunque la anterior afirmación pueda resultar pretenciosa, es absolutamente cierta. Las matanzas de zombis sirven, entre otras cosas, para explicar por qué para vivir en sociedad necesitamos que existan leyes elaboradas por una autoridad política legítima.

No voy a escribir aquí un tratado filosófico en torno a la serie. Tan solo trataré de apuntar algunos conceptos de teoría política que, a mi juicio, se exponen excelentemente en la ficción zombi de moda. Por ello, es necesario hacer una advertencia previa: este artículo contieneun pequeño spoiler de la segunda temporada, así que, si no llevas la serie al día y no quieres que te la destripe, te recomiendo que no sigas leyendo.

«El mundo se ha ido a la mierda. Quizás sea mejor rendirse». Esa frase, que forma parte de una nota de suicidio que podemos ver en la segunda temporada, resume bien el entorno en el que Rick Grimes y compañía deben vivir. El apocalipsis zombi ha obligado al ser humano a sobrevivir en un mundo plagado de penurias y horrores. Capítulo a capítulo, los guionistas empujan a sus personajes a un enfrentamiento constante por recursos escasos. En The Walking Dead el ser humano debe luchar contra los zombis para poder vivir, para obtener alimento y refugio estable. Pero también debe pelear con el resto de la humanidad.

El ser humano debe luchar contra los zombis, pero también debe pelear con el resto de la humanidad

El ambiente posapocalíptico que dibuja la serie se parece mucho al estado de naturaleza que describe Thomas Hobbes en su obra Leviatán (1651). Para Hobbes, el estado de naturaleza es una situación de guerra permanente de todos contra todos en la que «no existe oportunidad para la industria, ya que su fruto es incierto; por consiguiente no hay cultivo de la tierra, ni navegación, ni uso de los artículos que pueden ser importados por mar, ni construcciones confortables, ni instrumentos para mover y remover las cosas que requieren mucha fuerza, ni conocimiento de la faz de la tierra, ni cómputo del tiempo, ni artes, ni letras, ni sociedad; y lo que es peor de todo, existe continuo temor y peligro de muerte violenta; y la vida del hombre es solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve» (Leviatán, capítulo XIII). No sé si los creadores de The Walking Dead estaban pensando en esta descripción, pero lo cierto es que encaja a la perfección con lo que podemos ver en cada episodio de la serie.

El estado de naturaleza hobbesiano es el concepto del que parten muchas teorías contractualistas. Según estas teorías, el origen de las comunidades políticas (ya sean Estados‑nación modernos, reinos medievales, ciudades‑estado, etc.) se encuentra en el contrato social: el acuerdo por el cual los seres humanos decidimos voluntariamente abandonar el estado de naturaleza para vivir en sociedad bajo un gobierno o autoridad común.

El estado de naturaleza es un supuesto contrafáctico que nunca ha tenido lugar. Resulta obvio que ninguno de nosotros hemos accedido voluntariamente a someternos a las leyes de un determinado país. Igualmente, no existe evidencia de que hayan existido sociedades cuyos miembros elaborasen y firmasen individualmente un contrato por el cual decidían crear un Estado.

Sin embargo, el estado de naturaleza y el contrato social son conceptos que sirven para justificar la existencia de la autoridad o poder político existente en cada comunidad humana y su fuente de legitimidad. Son conceptos útiles que nos ayudan a responder a ciertas preguntas: ¿por qué existe una autoridad que puede obligarme a cumplir sus normas? ¿Y por qué respetar las normas de esa autoridad y no otras?

¿Por qué existe una autoridad que puede obligarme a cumplir sus normas?

Son varios los filósofos contractualistas que se han ocupado de estas cuestiones, pero aquí voy a centrarme solo en las tesis hobbesianas. Hobbes asumía que los seres humanos somos racionales y que necesariamente decidiríamos abandonar el estado de naturaleza. En dicho estado, todos los seres humanos tienen igual derecho a tratar de imponer su ley sobre los demás. Una determinada persona puede obligar a los demás a obedecerle por ser el más fuerte o tener mayores capacidades. Pero nada garantiza que esa situación se mantenga, pues puede surgir alguien aún más fuerte o más capaz. La tesis de Hobbes es que esa situación de guerra común es posible porque en el estado de naturaleza no existe ninguna autoridad que decida qué acciones humanas son justas y cuáles no.

No obstante, en esa situación, el instinto de conservación del ser humano desplaza a su deseo de poder sobre los demás. Puesto que es incierto que alguien pueda hacer valer su ley de manera estable, los seres humanos elegiremos abandonar nuestros derechos absolutos para entregárselos a una autoridad política común que decidirá, a través de sus leyes, qué es lo justo y lo injusto. A cambio, el ser humano obtiene, en teoría, un alto grado de seguridad personal: sabe que a partir de entonces sus derechos serán respetados por el resto de la sociedad, ya que solo podrá verse privado de ellos en caso de que la autoridad política común así lo determine, en virtud de las leyes que esta apruebe. De este modo, los seres humanos habrían acordado reconocer como legítima a la autoridad política común, pues solo esta tiene derecho a obligarnos a cumplir sus normas.

Cuanto acabo de exponer se refleja en The Walking Dead. En el apocalipsis zombi no existe ninguna autoridad política que garantice que los derechos individuales de Rick y el resto de su grupo de supervivientes serán respetados a partir de leyes comunes. Y ese contexto apocalíptico justifica el comportamiento de los personajes de la serie: ellos son juez, jurado y verdugo de cada una de las situaciones a las que la supervivencia les aboca.

A cambio, el ser humano obtiene, en teoría, un alto grado de seguridad personal

Podríamos tomar varios ejemplos de la serie en este sentido, pero voy a centrarme en uno que resume a la perfección la teoría hobbesiana sobre la justificación de la existencia de una autoridad que gobierne legítimamente cada comunidad política. En el capítulo once de la segunda temporada, Rick y sus amigos son atacados en un tiroteo propiciado por la obtención de víveres. Tras el tiroteo, los atacantes huyen, pero uno de ellos sufre un accidente que le deja a la merced de una jauría de zombis. Pese a todo, Rick decide salvar la vida del atacante y llevárselo consigo a su refugio, en la granja de Hershel.

Rick somete a votación del grupo el destino de su atacante. La mayoría considera que hay que matarlo para evitar que ponga en riesgo la seguridad de todos, ya que podría fugarse y volver para atacarlos. El único miembro del grupo que no está de acuerdo con la decisión es Dale, que formula un alegato en defensa del atacante: «¿así que la respuesta es matarle para prevenir un crimen que quizá nunca cometa? Si lo hacemos, estamos diciendo que no hay esperanza. El Estado de derecho está muerto. No hay civilización».

La postura de Dale nos ofrece argumentos para justificar la existencia de una autoridad política que ejerza legítimamente un poder común. Pero en la serie, al contrario de lo que ocurre en la tesis de Hobbes, el estado de naturaleza no precede a la existencia de la autoridad común, sino que la sucede. Así, Dale niega que el grupo deba comportarse al margen de las leyes que existían en la autoridad política anterior al apocalipsis zombi. La civilización de la que habla Dale hubiese podido dar una solución al conflicto del atacante «culpable» utilizando las leyes aprobadas por la autoridad política: probablemente juzgarle y, en su caso, enviarle a una prisión en la que cumpliría una pena por haber atacado a Rick. Pero en el mundo de The Walking Dead tal solución no es posible: como ya no hay una autoridad imparcial que determine legítimamente el destino justo del atacante, los personajes de la serie se comportan necesariamente bajo la lógica del estado de naturaleza y toman la decisión que mejor se adapta a ese estado.

«Si lo hacemos, estamos diciendo que no hay esperanza. El Estado de derecho está muerto. No hay civilización»

Las palabras de Dale son, en cierto modo, un resumen de la conclusión del capítulo XIII del Leviatán que he citado antes. El fin de la civilización del que habla Dale es una de consecuencia necesaria del vacío de autoridad política legítima que existe en el estado de naturaleza creado por el mundo zombi. En ese estado «nada es injusto. En esta guerra de todos contra todos, se da una consecuencia: que nada puede ser injusto. Las nociones de derecho e ilegalidad, justicia e injusticia están fuera de lugar. Donde no hay poder común, la ley no existe; donde no hay ley, no hay justicia» (Leviatán, capítulo XIII).

Con todo, las tesis de Hobbes solo nos ofrecerían aquí una justificación de por qué los personajes de The Walking Dead—y nosotros mismos—necesitamos leyes y una autoridad que garantice su cumplimiento. En el mundo zombi quedarían por ver otras tantas cuestiones de las que se ha ocupado la filosofía política moderna: ¿cómo debería organizarse la autoridad política que pudieran crear Rick y su grupo? ¿Bajo qué condiciones se considerarían justas las leyes de la autoridad política? ¿Solo existirían leyes justas si se respetasen los derechos humanos de cada miembro del grupo? ¿Cuáles son esos derechos? Aunque, de todas las preguntas posibles, hay una que creo que los filósofos no se han planteado: ¿deberían reconocerse los derechos humanos a los zombis?