Nosotros los humanos

Mi situación dentro de la tribu humana está alejándose paulatinamente del centro de interés, por mi condición de persona mayor, muy mayor; lo que quiere decir que poco de lo yo piense, opine o se me ocurra decir va a transcender del ámbito de lo puramente personal. A lo sumo, alguien cercano, que me comprende, que me quiere, que sabe de mis cuitas, sostendrá por algún tiempo la bandera de de mi pensamiento.

Este preámbulo viene a cuento de un sentimiento que me ronda la cabeza respecto al uso poco solidario que hacen los ricos y los políticos de sus recursos (muchas veces de los recursos de otros) y me sugiere una pregunta a renglón seguido. Esa pregunta sería muy difícil de contestar si tuviera en mis manos la posibilidad de manejar o dirigir algún organismo o empresa. Quiero decir que tendría miedo a formularla por mi condición de regidor o poseedor de bienes importantes. Porque yo, como humano que soy, estoy dentro de la posibilidad de caer en la tentación de formar parte de alguna de las dos situaciones mencionadas.

Sin embargo, ya no es el caso. Ya he traspasado la línea de meta sin obtener un resultado llamativo y sin que pueda repetir la carrera, por lo que la pregunta, ahora, me la hago sin prejuicio y sin perjuicio.

Tener a mano la llave de la caja fuerte ajena coloca nuestro estado de ánimo al borde del deseo de luchar hacia o en contra del delito

¿Qué hubiera hecho yo ante una situación similar? ¿Cómo se hubiera portado mi conciencia ante la tentación de poder utilizar recursos ajenos en mi beneficio? Porque, tener a mano la llave de la caja fuerte ajena coloca nuestro estado de ánimo al borde del deseo frenético de luchar hacia o en contra del delito. Este estado de ánimo no es trasladable, es propio y huérfano de comunicarse. Se instala en lo profundo del ser y únicamente se comunica al cómplice, si lo hubiere. Es esa maldita condición humana que ataca nuestra integridad siempre frágil y muchas veces autodisculpable.

Por otro lado, es fácil criticar cuando se está fuera del ámbito de la corrupción y del delito en general. Pero, ¿quien se autocritica de una felonía? ¿Quién de los implicados critica a otros implicados? ¿Qué delincuente es capaz de desenmascarar a otro delincuente? Por eso es preferible no haber tenido a mano las riendas del poder, para estar libre de intenciones peligrosas que hubieran podido llevarnos a acciones poco recomendables.

En España se está comprobando la casi generalización de la corrupción en las clases poderosas. ¿Quién ha denunciado estas acciones? ¿Un político? ¿Un gran empresario? No. La prensa. Un periódico.

Amigos: Me confieso. No sabría decir en este momento qué decisión habría tomado…