Un, dos, tres, punta

droga
1. f. Sustancia mineral, vegetal o animal,
que se emplea en la medicina, en la industria o en las bellas artes.
2. f. Sustancia o preparado medicamentoso
de efecto estimulante, deprimente,narcótico o alucinógeno.
3. f. Actividad o afición obsesiva.

Muchos estaréis pensando en pastillas y polvos mágicos. Pero esto va sobre algo más que los dopantes comunes. Se podría, incluso, crear una nueva palabra: metadroga, más allá de la droga. ¿O no sentís una alteración nerviosa y un cambio de estado de ánimo cuando hacéis lo que os gusta? Me refiero a lo que de verdad os gusta. Eso que os hace olvidaros que existe el mundo que os rodea y que por unos segundos, unos minutos, unas horas, os permite alcanzar la transcendencia. El éxtasis de los santos cristianos; el nirvana de los budistas.

En mi caso es algo tan simple como bailar.

Tratar de buscar el orígen del baile es inútil. Nuestros antepasados ya bailaban para expresar sentimientos, en aquellos rituales ancestrales donde la propia respiración y los latidos del corazón sirvieron para otorgar una primera cadencia a la danza.

Jamás me he interesado por su evolución histórica. O sí. Porque estudiar la historia de la humanidad es estudiar su forma de comunicarse. Y el baile es el lenguaje más personal y a la vez más universal de todos. Tan solo sé que los primeros en reconocer la danza como un arte fueron los griegos, y que incluso le dedicaron en su mitología una musa: Terpsícore. La danza como un don divino; no deja de ser hermoso y aterrador.

Más tarde, los romanos y una Iglesia anclada en postulados medievales contribuyeron a la imagen poco masculina que se tiene del baile y que llega hasta nuestros días, al menos en Occidente. Y es que en muchas tribus africanas el mejor bailarín es el más aclamado de la aldea; cientos de familias rusas se endeudan tratando de que sus hijos—sí, en masculino—entren en el Ballet Real de Moscú; tangos, bachatas y cumbias se bailan por toda Latinoamérica. Quizás seamos menos desarrollados de lo que nos creemos.

¿Alguna vez habéis visto a alguien bailar desanimado? ¡No existe! Porque no danzamos con los pies, sino con el corazón

Me gustaría que pensarais en un algún conocido que baile. Es muy probable que sea salsa, ya que está tan de moda. ¿Pero baila on 1? ¿O quizás es estilo Nueva York? ¿O lo que le gusta es la timba? ¿Veis? Un solo baile engloba multitud de formas distintas. Y como con todo lenguaje, hemos de aprender a usarlo correctamente. Pero lo más importante es encontrar el estilo que nos defina y en el que nos encontremos cómodos. Ahora—dejemos que el bailarín recupere el aliento—vamos a pensar en otros conocidos Seguro que hay uno que no hace más que enviarte al whatsapp la flamenca, otro que con solo mandar el emoticono de las jarras de cerveza ya sabes que quiere quedar contigo en media hora en el bar de siempre, y algún otro que usa el pulpo… no sé muy bien para qué. La cuestión es que cada uno ha elegido una forma que representa sus intenciones y que tú tratas de interpretarlas. Lo mismo pasa con el baile.

Quería hablar sobre mi pasión y al final os cuento de todo menos lo importante (¿no es la verborrea un efecto de algunas drogas?). Así pues, me gustaría pediros un último esfuerzo. Quiero que os recordéis a vosotros en las fiestas del pueblo, en la discoteca o bailando con la escoba. ¿Listos?

No hagáis trampas y concentraos de verdad.

En ese preciso instante estás siendo tú. Tu verdadero tú. No actúas para demostrar nada a nadie, ni para parecer otra persona. Tan sólo para transmitir aquello que no puedes expresar con palabras, pero que gracias a la música cobra un significado. Es mucho más que una buena coreografía y una excelente técnica. Es EL momento. No existen preocupaciones; es la liberación que necesitabas, el instante en que te crees dichoso. Nadie manda en ti. Pues sólo aquel que entienda lo que es bailar se sentirá libre. ¿Alguna vez habéis visto a alguien bailar desanimado? ¡No existe! Porque no danzamos con los pies, sino con el corazón. Por eso conceder un baile a quien te gusta o bailar con el grupo de amigos es algo tan íntimo. Se establece una conexión que desde fuera no podemos percibir y de la que sólo vosotros sois cómplices.

Al escribir estas palabras me he sentido expuesta, corita frente a miles de ojos. Mas no pude negarme a ello, pues una musa—esta vez la de la inspiración—apareció mientras iba por la calle moviéndome al son de la música que salía de los auriculares. Los transeúntes pensarían que estaba loca. Quizás lo esté. Pero no me importa, jamás hubo un loco infeliz.

Así que la próxima vez que estés triste, baila. Cuando estés alegre, baila. Cuando no sepas qué decir, baila y el mundo entenderá tu mensaje – recuerda que todos oímos tu música-. Dejémonos llevar por nuestros sentimientos. Seamos primitivos. Bailemos. Metadroguémonos.

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