Bélgica: el “Plat Pays”

Hay películas que merecen ser recordadas solo por la grandeza de sus títulos. Para mi ese es el caso de Si hoy es martes, esto es Bélgica. Siete palabras que son el resumen exacto de esos viajes desafiadoramente itinerantes.

Si eres amante del turismo concentrado, esta lista de los clásicos belgas es para ti: la Grand Place, el Manekken Pis y el Atomium en Bruselas; Gante y su catedral; los canales románticos de Brujas y la estilosa Amberes. Riega este recorrido con cerveza acompañada por una buena ración de mejillones y podrás pasar, con la conciencia tranquila, al miércoles.

Ya cumplida la obligación para con los recorridos de libro, pasaré a los apuntes. Los míos. Llenos de pequeños detalles que espero que te ayuden a conocer mejor un país que es mucho más que chocolate y cerveza.

Y patatas fritas. Que son uno de los componentes de la dieta nacional, aunque no tan célebres como los mejillones. Desperdigados por el país, en pueblos y carreteras, encontrarás unos puestos donde te ofrecen las frites. Con doble fritura. De la segunda llegarán, calentitas, al cucurucho donde te las sirven, bien aderezadas de la salsa de tu elección. Porque hay salsas como para estar un buen rato practicando el estilo hamlet: la andalouse, la de chili, la de mostaza o la mezcla clásica, mayonesa con kétchup.

Siguiendo con el tema gastronómico, te invito a acercarte a la costa, bañada por las frías aguas grises del Mar del Norte. Allí, escondido a las afueras del pueblo de Blankenberge encontrarás al eterno Oesterput, un viejo almacén donde te espera una carta muy corta, pero cien por cien belga: mejillones, tomate con gambas y las omnipresentes croquetas de gambas. Siéntate en una de las mesas corridas, y disfruta del ambiente informal y alegre: esta es una forma divertida (y nada cara) de participar del amor belga por la buena comida. La idea de la mesa comunal, corrida, propia de los cafés de pueblo, la ha exportado como seña de identidad, la cadena—ya internacional—Le Pain Quotidien, que creó en Bruselas el chef Alain Coumont.

Esta es una forma divertida (y nada cara) de participar del amor belga por la buena comida

Si te has animado a hacer el viaje hasta la costa al volante de un coche, habrás podido experimentar, tal vez, otro de los hitos nacionales: la cesión de paso a la derecha . Da igual que estés circulando por una carretera de más categoría que el vehículo que se te aproxima desde la derecha. A no ser que haya una señal que le obligue a parar, serás tú quien tenga que hacerlo. Esta tradición ayuda a limitar la velocidad, y probablemente favorezca el negocio de chapa y pintura local.

Otro desafío para el viajero es el idioma. Me explico: el idioma en el que están escritos los nombres de las localidades en las señales. En Bélgica hay tres lenguas oficiales, francés, flamenco y alemán. Así que puedes ir a Amberes, siguiendo la dirección de Anvers y encontrarte, unos kilómetros más adelante, rodeado de carteles que te lleven a Antwerpen. Y este es un ejemplo fácil. Así que un navegador puede ser tu mejor amigo en el camino.

¿Te gustan las flores? Te gustará Bélgica. Un ejemplo de su amor por todo lo verde y florido son esas pequeñas tiendas que colorean cada rincón del país, maestras en el arte vegetal. Bruselas te ofrece, además, dos rincones muy especiales, los Invernaderos reales de Laeken (para que vayas aprendiendo: en flamenco Koninklijke Serres van Laken o bien francés: Serres Royales de Laeken) y el Chateau de la Hulpe.

El rey Leopoldo II mandó crear los invernaderos en el siglo XIX, y se trata de un complejo donde puedes encontrar desde plantas exóticas (impresionante la colección de palmeras del Jardín de invierno) o el maravilloso túnel del que cuelgan infinitas variedades del pendiente de la reina o fucsia.

El Chateau de la Hulpe, situado en el municipio del mismo nombre , a las afueras de la capital, fue propiedad del conde de Solvay. Ahora es dominio público, y sus más de 220 hectáreas de parque incluyen lagos, bosques y praderas en los que disfrutar del paso de las estaciones contemplando sus macizos de rododendros, azaleas o admirando ejemplares únicos como el sequoia americano.

Una palabra que verás repetida con frecuencia es la de braderie

Una palabra que verás repetida con frecuencia en carteles o anuncios en carreteras o a la entrada de los pueblos es la de braderie (mercadillo). Este puede presentarse en su versión outlet, con las tiendas sacando a la calle sus artículos rebajados o bien la tradicional, bohemia y divertida, donde podrás encontrar de todo. Y uso la palabra “todo” sin ánimo limitador.

Hay mercadillos estables, como los que encontrarás los domingos en Bruselas, y, a sólo una hora de la capital, te espera, en tierras galas, la braderie más antigua y grande de Europa, que alberga la ciudad de Lille.

La versión más modesta de la braderie es la del garage sale o venta de particulares en su misma casa. Aparte de la afición local al mercadilleo la abundante colonia extranjera que habita principalmente la provincia de Bruselas es la base de una oferta constante, ya que sus componentes suelen vender muchos de sus enseres cuando tienen que dejar el país.

Con un cielo tan bajo que es todo humildad
Con un cielo tan gris que un canal se ha colgado
Con un cielo tan gris que hay que perdonarselo
Con un viento del Norte que viene a descuartizarse
Con el viento del norte, escuchadlo desgarrarse
El país llano es el mío

Te invito a escuchar el himno poético de Bélgica, Le plat pays, de labios de su autor, Jacques Brel. Este cantautor es uno de los afectados por lo que podríamos denominar el efecto galo, y es que muchas de las principales figuras de la historia del país llano son, a efectos de la cultura-trivialpursuit, franceses. Brel, Simenon, Marguerite Yourcenar, Adamo o Magritte por nombrar sólo unos pocos. Si alguna vez has leído alguna novela de Agatha Christie con Poirot de protagonista, sabrás a lo que me refiero.

Muchas de las principales figuras de la historia del país llano son, a efectos de la cultura-trivialpursuit, franceses

Hergé, el padre de Tintín, o Morris, el de Lucky Luke, son un buen ejemplo de esa nacionalización involuntaria. Y también de otra de las grandes aficiones nacionales, el cómic. Pero el capitán Haddock, o los hermanos Dalton no son los únicos personajes que podrás admirar en el Museo del Cómic situado en la capital, cuenta con ver también a esos belgas de fama mundial que son los Pitufos.

Bruselas alberga otro centro sobresaliente, el Museo Horta, situado en la casa taller del arquitecto y padre del art nouveau, Víctor Horta. Si te gusta ese estilo artístico, podrás admirarlo también fuera de las paredes del museo, ya que el número elevado de casas así diseñadas hace de la ciudad la capital del art nouveau de Europa.

En 1989, la canción Pump up the Jam alcanzó el número 1 en EEUU y número 2 en Reino Unido. Sus creadores fueron el grupo belga Technotronic. Y es que Bélgica , desde el inicio de los 80 hasta hoy se ha mantenido como país de referencia para la cultura house y todas las variedades de la música electrónica de baile, que puedes vivir de la mano de los mejores Dj en locales como Fuse, Bazaar o Le You y de forma intensamente temporal, en el festival Tomorrowland.

En estos clubes encontrarás, además de música, el estilo de los diseñadores de moda belga . Si la quieres apreciar a la luz del día, te recomiendo visitar Amberes y hacer el recorrido de las boutiques de los diseñadores locales: Martin Margiela, Ann Demeulemeester, Dries van Noten o Veronique Branquinho por mencionar algunos de los nombres que desde el plat pays han dejado huella en la moda mundial.

Moda y jardines, clubes y museos, restaurantes y mercadillos… quisiera terminar animándote a visitar el país llano, aunque el verano allí, como dijo alguien, pueda caer en lunes.