La ciudad de Krakus

Hace cosa de un año, mi cabeza se volvió monotemática. Esperaba el momento de las simples preguntas cotidianas: «¿qué tal? ¿qué pasa? ¿qué cuentas? ¿cómo te va la vida? ¿algo nuevo?» Tan solo era para tener la oportunidad de gritar con emoción y brillo en los ojos: ¡me voy a Cracovia!

Tras mi entusiasta declaración me he encontrado con muchas reacciones: están los que fingen que saben de lo que hablas; los que se quedan con cara de póker y te preguntan con cierta vergüenza y humildad «¿dónde está eso?»; los que te dan la enhorabuena y al instante dejan caer vagamente «Así que al este, ¿no? ¡Cuidado con el frio!»; y los que te dan una clase sobre geografía y la Segunda Guerra Mundial.

No había sido mi primera elección en aquel momento, pero sin darme cuenta me encontré a mí misma queriendo saber más sobre ella, queriendo descubrir sus secretos y cómo había llegado a ser lo que es.

No es fácil escudriñar en el pasado de una ciudad donde el idioma oficial es uno de los más difíciles del mundo. Muchas veces tienes que echar mano de dibujos, planos antiguos, habladurías, exposiciones, rumores o leyendas.

No es fácil escudriñar en el pasado de una ciudad donde el idioma oficial es uno de los más difíciles del mundo

Podríamos decir que la historia de Cracovia comienza en la Edad Media con una ruta de comercio entre Europa Central y Europa del Este, pero esta versión sería muy aburrida. Para nosotros, comienza con la tribu polaca de los Lechitians y su legendario líder, Krakus, quien decidió fundar la ciudad sobre una colina a la orilla derecha del rio Vístula. Lo que este no sabía era que bajo la colina había una cueva habitada por un voraz dragón. Cuando lo descubrió, ofreció la mano de su hija al quien liberara el pueblo. Muchos lo intentaron pero solo el hábil zapatero, Dratewka, tuvo la brillante idea de envenenar al dragón con una oveja rellena de sulfuro. El dragón instintivamente se dirigió al rio para saciar su sed y con el contacto de sulfuro y agua, este explotó. El zapatero consiguió a la chica y el pueblo polaco prosperó en la «ciudad de Krakus» o Kraków (Cracovia).

La colina de Wawel estaba ocupada por numerosos edificios, entre los cuales estaban el castillo real y una iglesia que, más tarde, sería sede de la archidiócesis y catedral de Cracovia. Al estar protegido por los gobernantes asentados en la colina, aquel entorno fue pronto ocupado por numerosos comerciantes y artesanos, que con sus respectivas familias se instalaron en esta nueva ciudad a los pies de la colina a la que llamaron Okól. Allí construyeron viviendas con la madera del bosque donde se encontraban, y un único edificio de piedra que haría las veces de iglesia y fortaleza para el pueblo. Esta iglesia de San Andrés, no confundir con la archidiócesis, está situada en la esquina de la plaza del mercado como en todas las ciudades cristianas de trazado medieval, en este caso en la plaza Santa María Magdalena.

La ciudad sufrió múltiples ataques e incendios, sin embargo siguió creciendo y atrajo a las diferentes órdenes cristianas. Los dominicos, los franciscanos y los jesuitas construyeron sus iglesias y conventos en lo que eran las afueras de la ciudad. Hoy en día solo dos de ellos siguen en pie, alineados a lo largo de la calle Dominikańska. Una de las pocas calles, por cierto, donde coches, buses y tranvías pueden atravesar el casco antiguo.

Para el siglo XI, Cracovia se había convertido en la capital del reino de Polonia y necesitaba un trazado acorde con ello. Con la ley urbanística Magdeburg llegó la idea de una gran plaza central donde acoger el gran comercio que atraía la ciudad. Tras varias herramientas proyectuales, el arquitecto encontró el lugar perfecto para la plaza al norte de la aún llamada por aquel entonces Okól. Utilizó simplemente un compás y un juego de escuadra y cartabón. El centro de la circunferencia está marcado por una placa conmemorativa en la nave central del edificio del mercado. Sin duda todo turista habrá caminado sobre ella, aunque pocos se habrán parado a entender su significado. En el proyecto de expansión no solo se diseñaba una plaza, también sus murallas y elementos defensivos, así como un plan de trazado urbano reticular.

Rynek Gƚowny es la plaza medieval más grande de Europa

Rynek Gƚowny es la plaza medieval más grande de Europa, con planta cuadrada de doscientos por doscientos metros de largo. A simple vista, se diría que es uno de los espacios más bellos de Polonia, aunque yo diría mucho más. Cuando buscas en los detalles descubres 800 años de historia. No solo alberga monumentos, sino que representa la vida y su dinamismo. Para empezar, no es una plaza perfectamente rectangular, (pese a los intentos de rediseñar el trazado después de que un incendio barriera la ciudad); hay varios elementos preexistentes que lo impidieron: dos edificios religiosos y la ruta que unía la ciudad con las minas de sal.

La Basílica de Santa María es el edificio predominante en la plaza. Para acceder a él hay que descender, lo que da pistas con las que solo los más inteligentes podrían adivinar lo sucedido. Para aquellos que necesitamos más evidencias, solo hay que caminar unos metros hacia el sur hasta la pequeña iglesia de San Adalberto, donde después de rodearla, nos damos cuenta de que tiene dos entradas con diferente orientación y nivel respecto a la plaza. Los curiosos, si tienen suerte y es estación cálida, podrán acceder al interior y comprender el porqué de este fenómeno.

Durante la Edad Media y la Moderna, se repitieron sucesivas superposiciones de pavimento en la plaza, por lo que el nivel se elevó hasta 5 ó 6 metros en algunos puntos. Las plantas bajas de los edificios se convirtieron en sótanos y los muros exteriores se hicieron más anchos en su base para contrarrestar el peso del nuevo suelo. Por esto el aspecto de las calles del casco antiguo de Cracovia tiene un perfil inclinado tan peculiar y muchos de sus restaurantes y pubs no se encuentran a nivel de calle sino a un nivel inferior, lo que no impide una atmosfera cálida y acogedora bajo techos de bóvedas tanto de cañón como de crucería.

Más adelante, se abrió la plaza como espacio de recreo para el pueblo

Tampoco el carácter de la plaza era el mismo. La plaza estaba completamente abarrotada de edificios comerciales, puestos de artesanía, negocios o casas de comerciantes. Más adelante, se abrió la plaza como espacio de recreo para el pueblo y las estrechas parcelas se unieron para transformarse en palacios urbanos con magníficos patios interiores, de los que todavía podemos disfrutar. Pocos edificios modernos fueron construidos en la plaza. Los que lo hicieron tendrían que someterse más adelante al examen del líder nazi durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial, y sufrieron ciertas modificaciones que los alejaron de ese modernismo naciente durante la segunda república polaca.

Tras un enlace matrimonial monárquico, la dinastía lituana Jagellon llega a Polonia y con ella la creación de una de las universidades más antiguas del mundo y la fundación de una ciudad independiente en el lado del rio opuesto al castillo, Kazimierz. En esta ciudad se estableció la comunidad judía que hasta el momento residía dentro de los muros de Cracovia y otros muchos judíos provenientes de ciudades europeas donde los habían expulsado.

Estamos en la época del Renacimiento, donde todo gira en torno a Italia. El monarca polaco, después de perder a su primera esposa, se casó con Bona Sforza de Milán. Esta, al llegar al austero y anticuado palacio gótico cracoviano, exigió traer a su arquitecto renacentista para reformarlo, y creó un icono de residencia real en Europa del este y también la capilla de Segismundo, formando parte de la catedral «el ejemplo más puro de arquitectura renacentista fuera de Italia».

Debido a las múltiples guerras, se inició el declive de Cracovia y, en 1596, se trasladó la capitalidad a Varsovia

Debido a las múltiples guerras, se inició el declive de Cracovia y, en 1596, se trasladó la capitalidad a Varsovia. Poco después llegó la primera partición del país. La región de la pequeña Polonia donde se encuentra Cracovia pasó, con suerte en cierto modo, a manos austríacas y el resto del reino a manos prusianas y rusas. Durante esta época el Castillo de Wawel se convirtió en un punto defensivo para los austríacos quienes promovieron la creación de nuevas ciudades en los alrededores, que hoy son distritos integrados en la ciudad, como Podgórze o Kleparz. Sin embargo, Cracovia continuó siendo el principal centro cultural polaco.

Después de la Primera Guerra Mundial, Polonia recuperó su territorio y adoptó el nombre de Segunda República de Polonia. Wawel volvió a ser ocupado por el poder polaco, en este caso como residencia del presidente de Polonia. En la época de entreguerras, la sociedad polaca se esforzó por encontrar su propia expresión tanto política, como artística o arquitectónica. En Cracovia podemos encontrar edificios del art nouveau polaco y también de estilo moderno aunque con ciertos detalles pertenecientes a los neoclásico, neogótico o neobarroco.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Cracovia se transformó en una región administrativa dentro del gobierno nazi. Wawel volvió a cambiar de manos para ser cuartel general. Los alemanes vieron aquí la oportunidad para convertirla en una ciudad completamente alemana, incluso pretendían reinterpretar su identidad a través de la propaganda. Muchas historias sucedieron, unas más conocidas que otras, como el levantamiento de profesores y académicos (Sondeaktion Krakau), la erradicación de los judíos en los campos de concentración Kraków-Pƚaszów y Auschwitz, la historia de la fábrica de Schindler o la supervivencia en el gueto de Porgórze de Roman Polanski.

Con la llegada del ejército ruso se abriría un nuevo capítulo de sometimiento del pueblo polaco

Con la llegada del ejército ruso se abriría un nuevo capítulo de sometimiento del pueblo polaco, esta vez bajo el comunismo soviético. En Cracovia, para hacer presión ideológica y cambiar la sociedad, construyeron lo que quería ser una ciudad independiente, Nowa Huta. Esta nueva población haría las veces de ciudad y centro industrial planificado en forma de abanico en torno a una fábrica, la mayor acería del país (siderúrgica Lenin). Aplicando el socialismo real, la ciudad pretendía ser el paraíso del trabajador, pero derivó en lugar de confrontación con el gobierno, y más tarde en barrio periférico sin buena reputación.

Solo hace 25 años que Polonia puede llamarse libre. Se podría decir que todavía es un país joven. Son una nación con gran sentimiento patriótico resultado de la mezcla de culturas (escandinava, bizantina, latina y germana), movimiento de fronteras, alianzas, invasiones y mucha resistencia. Cracovia, por sus muchas cualidades, fue nombrada Patrimonio de la Humanidad y Ciudad de la Cultura.

Gracias a la hospitalidad de sus habitantes, he podido encontrar mi lugar, disfrutar y sumergirme en una Polonia antes desconocida. Para mí, Cracovia siempre será un lugar especial. Quizá con este artículo consiga hacer llegar algo de su especialidad a otros, y descubran lo mucho que aguarda en esa ciudad a los pies de una colina guardada por un dragón.

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